La imagen corporativa es un elemento vital
que es necesario tener siempre presente, para asegurar el
éxito de una empresa.
El “branding” es el cultivo de
un sentimiento en los consumidores; es la creación
de expectativa, una promesa de calidad, una respuesta emocional
de los clientes hacia la empresa y los productos y servicios
que ésta ofrece.
La consistencia de la imagen asegura que los
consumidores reconocerán fácilmente en el largo
plazo los productos y la publicidad; por ello, el “branding”
es especialmente importante para empresas jóvenes y
en pleno crecimiento.
ORÍGENES
En los últimos años, las condiciones del mercado,
la dificultad para subir y mantenerse, la globalización
y, en resumen, la feroz competencia, han hecho que la gestión
de marcas cobre mayor importancia, ya que no es lo mismo competir
en las economías cerradas de hace unas décadas,
que en la de hoy, feroz y global. A pesar de esto, el "branding"
no es un concepto recién nacido, ni siquiera es hijo
de los años 90. Apareció con Procter & Gamble
desde la misma aparición de la firma (en los años
30), que ha sido desde siempre orientada a la gestión
de marca.
Y es que, desde hace mucho, los especialistas se dieron cuenta
de que, cuando una persona identifica una marca, está
identificando un conjunto de atributos y valores que encuentra
en ella. Construir marca consiste en desarrollar y mantener
dichas características, que en sí son las que
proporcionan la identidad del producto o empresa, haciéndolo
único. Este factor, la distinción, es clave
en un proceso de gestión de marca: el cliente debe
percibir ese producto de forma diferente a los otros, diferente
a la competencia.
“Hoy en día, el branding lo es
todo. Las marcas no son simplemente productos o servicios;
son la suma total de todas las imágenes que la gente
tiene en su cabeza acerca de una empresa en particular”,
asegura un artículo de la revista online de negocios
Darwin Magazine.
Para algunas empresas, el branding se ha convertido
en una religión. Tomemos como ejemplo a Coca-Cola.
Cada día, alrededor del mundo hay 1.000 millones de
personas comprando algún producto de Coca-Cola. Si
quitamos sus distribuidores, sus 130 años de experiencia
y su constante preocupación por lanzar nuevos productos,
entonces la publicidad de Coca-Cola no funcionaría.
Muchas personas creen hoy en día que se puede crear
una imagen corporativa tan sólo con buenos avisos publicitarios,
y no es así de fácil. Requiere de mucho esfuerzo,
dedicación y tiempo que una empresa se convierta en
una presencia constante en la vida de las personas, tal como
lo ha logrado Coca-Cola.
Construir una marca es un proceso a largo
plazo; no basta con la plataforma estratégica. A Coca-Cola
y a McDonald’s les tomó décadas posicionarse
como marcas en los sentidos y en la mente de los consumidores,
pero lo consiguieron. Incluso a Microsoft le tomó más
de una década, a pesar de lo revolucionario de sus
productos.
“Otro factor decisivo en las estrategias de construcción
de marcas es la segmentación y el conocer la necesidad
que nuestro producto cubre en el segmento al que lo dirigimos”,
afirma artículo “¿Ya estás marcado?
No te preocupes: es el branding”, publicado en el portal
de marketing y negocios Gestiópolis.com.
Por ejemplo, Volvo es una marca de automóviles muy
conocida por su seguridad. La empresa ha dirigido sus productos
a personas de edad mediana, casadas, con hijos, que necesitan
un vehículo seguro para transportarse con su familia.
Los compradores de Volvos no son jóvenes solteros y
aventureros que viven solos, sino personas de edad mediana,
casadas, con hijos, que necesitan un vehículo seguro.
Volvo ha hecho un muy buen trabajo, ya que las personas reconocen
en su marca los valores que Volvo quiere que identifiquen
(la seguridad) y llega precisamente al mercado que Volvo desea
atacar.
Cuando una marca se ha construido sólidamente y se
ha posicionado, es muy difícil que los consumidores
olviden los valores con los cuales la identifican. Volvo puede
sacar al mercado diferentes líneas de automóviles,
pero todos se identifican siempre como productos seguros.
PYMES
De alguna forma, la marca hace una promesa
implícita al consumidor, y esto es lo que le permite
a la marca lograr una posición destacada y de preferencia
en el mercado. Debido a la habilidad de las pequeñas
empresas de crear y mantener relaciones con sus clientes,
se encuentran en excelente posición para llevar su
marca al siguiente nivel.
En la mayoría de las pequeñas
empresas, la relación con el cliente está presente
pero no fomentada de manera explícita. Y sin esto,
no hay gran incentivo para el cliente respecto a incrementar
su lealtad con la compañía. Entonces, cuando
un competidor ofrece un mejor precio por un producto o servicio
similar, es posible que perdamos ese cliente.
Si los propietarios de empresas pequeñas
reconocieran la importancia de nutrir la relación con
sus clientes, entonces la lealtad se incrementaría,
porque la imagen de marca que estarían transmitiendo
a la mente de los consumidores sería la de un servicio
mejor y distinto al de las grandes firmas. Sin embargo, a
pesar del hecho de que las pequeñas empresas se encuentran
en una posición de privilegio para lograr esta relación
cercana con los clientes, la mayoría no le presta especial
atención a su marca.
Lo aceptemos o no, cada vez que nos dirijamos
al consumidor, estaremos comunicando nuestra marca, nuestra
imagen de empresa. Esto incluye la forma en que contestamos
el teléfono, empaquetamos nuestros productos, damos
un servicio de post-venta, ofrecemos productos de calidad
y buenas promociones. Ninguna justificación es válida
para no estar trabajando nuestra imagen de marca en este mismo
momento. No son imprescindibles grandes inversiones. Lo más
importante es el darnos cuenta de que, con cada cosa que hagamos
y que involucre de alguna manera a los clientes, estaremos
proyectando y creando en ellos, en su mente, nuestra imagen
de empresa.