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La idea es muy sencilla: si usted desea la
fidelidad de sus clientes, compórtese como una persona,
no como una empresa. Hoy más que nunca, se sabe que
la fidelización, ya sea como actitud o como resultado,
al igual que cualquier otro comportamiento humano, está
impulsado y formado, en general, conjuntamente por elementos
racionales y emocionales cuyo conocimiento resulta clave para
retener y captar clientes.
Medítelo
por un segundo: ¿compra usted en ese comercio que ofrece
mercaderías a precios un poco más bajos, pero
de cuyos empleados jamás recibió un consejo,
una ayuda... ni siquiera una mínima sonrisa al atenderlo,
o prefiere aquel otro, donde los mismos productos cuestan
un poco más, pero recibe de los vendedores una gran
comprensión de sus necesidades e inquietudes, además
de asesoramiento y calidez en la atención?
Claro,
es que la atención al cliente, como elemento diferenciador,
es un factor fundamental. No cabe duda que un trato cuidado
por parte de la empresa hacia el cliente en el que se derroche
simpatía y amabilidad, haya una entrega humana sincera
y servicial, y se preparen gratas sorpresas, va a influir
mucho en su comportamiento; pero es cierto que tampoco deja
de ser relevante para este propósito que los productos
y servicios sean de calidad, los precios competitivos y la
oferta variada y completa, entre otros.
¿Qué
es la fidelización?
De acuerdo
con la empresa consultora española Fideliting Solutions,
fidelizar es “la acción dirigida a conseguir
que los clientes mantengan relaciones comerciales estrechas
y prolongadas con la empresa a lo largo del tiempo; una repetición
de transacciones que ha de alcanzarse creando en el cliente
un sentimiento positivo hacia la empresa que sea el que motive
ese impulso de adhesión continuada.
Fidelizar,
según una interpretación semántica estricta,
es la acción dirigida a conseguir que los clientes
establezcan sus relaciones comerciales con la empresa mediante
la asunción de compromisos definidos. Es decir, hay
fidelización si se crea la base para que pueda haber
fidelidad, y ésta, sólo puede existir si el
cliente se compromete a algo. De lo contrario, ni existe posibilidad
de fidelidad ni de fidelización.”
Son muy
numerosos los medios utilizados para conseguir la fidelización
de los clientes. Algunos de los más conocidos son:
tarjetas de fidelización, cupones de descuento, club
de los clientes, monedas virtuales, revista del consumidor,
call center, defensor del consumidor, puntos por compra, comunicaciones
personalizadas, regalos, venta cruzada, descuentos, contrato
de fidelidad, etc.
En los
últimos años, los clientes han demostrado ser
sumamente exigentes a la hora de efectuar la compra o contratación
de productos y servicios. Ofrecer la mejor calidad, el precio
más bajo o el mayor surtido de productos, ya no garantiza
que el cliente elegirá siempre una determinada compañía
o marca.
La fidelidad
depende, en mayor medida, de los valores diferenciales que
el cliente perciba de parte de la empresa. Identificar a cada
cliente, conocer sus preferencias y sus hábitos de
consumo, y recompensarlo por las compras que ha realizado,
son valores diferenciales que refuerzan su relación
con la compañía y evitan la deserción.
El número
cada vez mayor de shoppings, tiendas, centros de ocio, agencias
de viajes, etc. en los que podemos comprar, ha provocado la
proliferación de las llamadas "tarjetas de fidelización",
que buscan la no diversificación del cliente. La estrategia
empleada es muy gráfica: "Si usted consume mis
servicios o compra mis productos, le haré regalos".
Con ello, las empresas buscan nuevos clientes y mantienen
a los que ya tienen. Para beneficiarnos de las tarjetas de
fidelización bastará con que las presentemos
en el momento de pagar nuestra compra, y en función
del dinero gastado, acumularemos una serie de puntos en una
cuenta asociada a la tarjeta que nos permitirá su canje
por premios variados: desde viajes a lugares exóticos
a juguetes, electrodomésticos, etc.
El
éxito de las tarjetas
De acuerdo
con el estudio llevado a cabo por la consultora europea Client
Research entre 282 marcas, 137 de ellas proponen una tarjeta
de fidelidad. Existen 70 millones de tarjetas en circulación
de las que la mitad corresponden al sector de la gran distribución
alimentaria. En el conjunto de sectores aparece una media
del 16,6 por ciento de poseedores de tarjetas.
Algunas
conclusiones del estudio establecen que las tarjetas de fidelidad
son un instrumento especialmente útil para evitar la
pérdida de clientes, ya que las mismas refuerzan la
duración de la relación existente entre el comprador
y el vendedor. Asimismo, se detectó que, en cuanto
al consumo medio, el que tiene tarjeta realiza un gasto tres
veces superior al que no la tiene.
Las dos
características primordiales de estas tarjetas son:
por un lado, que no suponen ningún coste al consumidor,
ya que basta con solicitarlas en cualquier establecimiento
asociado a la misma y hay ocasiones en que la tarjeta puede
ser empleada por varias personas, lo que permite acumular
puntos en la cuenta del titular; y por otro lado, los premios
conseguidos pueden ser de cualquier tipo: estancias en hoteles
y paradores, entradas a cines y teatros, ropa, juguetes, etc.
En algunas ocasiones, los regalos pueden obtenerse al instante
(canjeando los puntos por regalos), pero en otras ocasiones
se requiere un desembolso complementario.
En España,
por ejemplo, el uso de las tarjetas de fidelización
viene creciendo de forma espectacular. Se han ido consolidando
cada vez más como parte importante de la estrategia
de la empresa dentro del área del marketing, principalmente
por la profunda y rentable información que se extrae
de los clientes. La penetración de los programas de
fidelización en España ya es superior a un 50%,
y se han extendido a todas las edades, sexos y estatus económicos.
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